La aritmética del “capa perro”

Por Francisco Luciano
En el habla popular dominicana, se llama negocio del capa perro a aquel en el que se compra a un precio más alto que aquel al que se vende, o en el que el aparente beneficio esconde un daño mayor. Una versión del dicho remite a la época de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina: un comerciante fue conminado a recoger y castrar una gran cantidad de perros realengos que pululaban por la ciudad, con el compromiso de recibir dos pesos por cada uno. El comerciante aceptó, pero subcontrató el trabajo pagando cuatro pesos por perro. El resultado fue una pérdida disfrazada de encargo cumplido. El dicho sirve para examinar el anuncio presidencial sobre los “dos mil millones recuperados de la corrupción del pasado”, que se destinarán a obras deportivas.
La narrativa oficial presenta el hecho como un éxito: se combate la corrupción y se devuelven recursos al pueblo. Sin embargo, el Estado pierde tres veces:
- La inversión inicial, al haber construido las obras.
- Los aproximadamente seis años de no uso, durante los cuales las instalaciones terminadas permanecieron cerradas bajo el alegato de que eran “cuerpo de delito”. En ese tiempo se deterioraron, fueron vandalizadas o saqueadas y no generaron ninguna actividad en beneficio de la ciudadanía.
- El costo de ponerlas de nuevo en condiciones de uso, que en muchos casos se acerca al de la construcción original, porque el deterioro acumulado exige una segunda inversión.
Recuperar dos mil millones frente a esta triple pérdida no es ganancia. Es un balance negativo presentado como triunfo.
El argumento de “cuerpo delictivo” era jurídicamente presentable, pero no obligatorio. Existían mecanismos para preservar el uso social de los bienes mientras avanzaba el proceso (administraciones judiciales, fiducias o convenios de uso provisional). No se utilizaron. El cierre prolongado funcionó también como propaganda permanente contra la administración anterior, a costa del deterioro y de negarles el uso a la ciudadanía.
Un anuncio transparente habría reconocido la aritmética completa: se recuperan dos mil millones, pero el cierre costó la inversión original, años de servicio perdidos y una segunda inversión para restaurar lo deteriorado. Lo demás es marketing de la lucha contra la corrupción. Es, precisamente, el negocio del capa perro: se entrega valor real y se recibe una cifra recuperada a un costo desproporcionado, mientras se celebra el resultado. La cuenta que no aparece en tarima sigue creciendo en la columna de las pérdidas.
El autor es docente universitario y dirigente político.


