Las puertas abiertas fortalecen la democracia

Las recientes declaraciones de Fellito Suberví, en las que exhorta a los funcionarios públicos a mantener abiertas las puertas de sus despachos para escuchar a la ciudadanía, constituyen un llamado oportuno y necesario para fortalecer la confianza entre el pueblo y quienes tienen la responsabilidad de administrar los asuntos públicos.

MI HUMILDE OPINION

Las recientes declaraciones de Fellito Suberví, en las que exhorta a los funcionarios públicos a mantener abiertas las puertas de sus despachos para escuchar a la ciudadanía, constituyen un llamado oportuno y necesario para fortalecer la confianza entre el pueblo y quienes tienen la responsabilidad de administrar los asuntos públicos.

La función pública no puede concebirse desde el aislamiento ni desde la distancia. Los cargos gubernamentales son una delegación de la voluntad popular, y por tanto, quienes los ocupan tienen el deber moral y político de mantener un contacto permanente con la gente, especialmente con aquellos sectores que depositaron su confianza en el proyecto de gobierno.

Abrir las puertas de los despachos significa mucho más que permitir el acceso físico a una oficina. Implica disposición para escuchar, sensibilidad para comprender los problemas de la población y voluntad para buscar soluciones. Un funcionario accesible transmite cercanía, respeto y compromiso con la ciudadanía.

En una sociedad democrática, la comunicación entre gobernantes y gobernados debe ser constante. Cuando los ciudadanos encuentran barreras para exponer sus inquietudes, se genera frustración, desconfianza y distanciamiento. Por el contrario, cuando son escuchados, se fortalece la participación y se consolida la legitimidad de las instituciones.

La exhortación de Fellito Suberví debe ser asumida como una invitación a todos los servidores públicos para recordar que el poder es un instrumento al servicio de la gente y no un privilegio para alejarse de ella. La verdadera grandeza de un funcionario no se mide por el tamaño de su despacho, sino por su capacidad de escuchar y responder a las necesidades de quienes representa.

Hoy más que nunca, el país necesita una gestión pública cercana, humana y eficiente. Funcionarios con las puertas abiertas, los oídos atentos y el compromiso firme de servir. Esa es la mejor manera de honrar la confianza del pueblo y fortalecer la democracia dominicana.

Escuchar a la gente no debe ser una excepción; debe convertirse en una práctica permanente de buen gobierno.

Jorge Luis Casado
Baketa

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