El Mismo Espejo, así es que debemos vernos

La tragedia que ha golpeado a nuestro hermano pueblo de Venezuela nos recuerda, una vez más, que la naturaleza no distingue fronteras, ideologías ni diferencias. En momentos como estos, lo que realmente define a una nación es su capacidad de ser solidaria con quienes sufren.

MI HUMILDE OPINIÓN
La tragedia que ha golpeado a nuestro hermano pueblo de Venezuela nos recuerda, una vez más, que la naturaleza no distingue fronteras, ideologías ni diferencias. En momentos como estos, lo que realmente define a una nación es su capacidad de ser solidaria con quienes sufren.


Es digno de reconocer el respaldo que el Gobierno de la República Dominicana ha brindado dentro de sus posibilidades, demostrando que la solidaridad es un valor que caracteriza a nuestro pueblo. Cuando una nación enfrenta una catástrofe de esta magnitud, toda ayuda cuenta y fortalece los lazos de hermandad entre los pueblos.


Sin embargo, esta dolorosa realidad también debe llevarnos a reflexionar sobre nuestra propia vulnerabilidad. La República Dominicana está ubicada en una zona de alta actividad sísmica y no estamos exentos de que, en cualquier momento, pueda ocurrir un evento de gran magnitud.


Como Estado, debemos continuar fortaleciendo los planes de prevención, la capacidad de respuesta de los organismos de emergencia, la inspección de infraestructuras críticas, la educación ciudadana y la preparación de hospitales, escuelas y refugios.

La prevención siempre será menos costosa que enfrentar las consecuencias de un desastre sin la debida preparación.
Como ciudadanos, también tenemos responsabilidades.

Debemos conocer las rutas de evacuación, preparar un kit de emergencia para nuestras familias, participar en simulacros, atender las orientaciones de las autoridades y evitar difundir rumores o información falsa que solo generan pánico en momentos de crisis.
Las tragedias dejan dolor, pero también enseñanzas. Ojalá que el sufrimiento de nuestros hermanos venezolanos nos motive a fortalecer nuestra cultura de prevención y a comprender que la solidaridad comienza ayudando al prójimo, pero también preparándonos para proteger a nuestras propias familias.
Porque la prevención salva vidas, y la solidaridad es el mejor reflejo de la grandeza de un pueblo.

Jorge Luis Casado
Baketa

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